Banner de Caleidoscopio

 

Un espacio para pensar la realidad social en la escuela


¿Cómo dar sentido pedagógico a los hechos y problemas que nos impactan cada día en tanto constituyen la agenda de los medios? ¿Cómo abordarlos en nuestras clases desde distintas perspectivas de conocimiento? ¿Qué dilemas plantean desde la mirada de los distintos actores involucrados? ¿Qué lectura hacen los medios de comunicación de esos problemas? ¿Cómo contribuir a un abordaje crítico de los medios?

"El problema es encontrar formas de comprometer a las escuelas en crear y mantener condiciones en las que pueda prosperar el diálogo abarcador, democrático y abierto".

Nicholas C. Burbules, El diálogo en la enseñanza.

Libertad de prensa y religión: acerca de la controversia generada por las caricaturas de Mahoma

Libertad de prensa y religión: acerca de la controversia generada por las caricaturas de Mahoma

Actualizado miércoles 15/12/2010 12:17

  • Facebook

Libertad de prensa y religión: acerca de la controversia generada por las caricaturas de Mahoma

El 12 de febrero de 2008, la policía danesa arrestó a tres hombres como sospechosos de haber planeado el asesinato de Kurt Westergaard, el autor de una de las caricaturas del profeta Mahoma que fueron publicadas en septiembre de 2005 por el diario danés Jyllands-Posten, y que desde entonces han causado una gran controversia. Al día siguiente, varios periódicos daneses reprodujeron la caricatura de Westergaard, solidarizándose con la amenaza a la libertad de prensa que implicaba el intento contra la vida del artista.

La reedición de las caricaturas causó una nueva oleada de protestas en países musulmanes, algo que ya había ocurrido en 2005. Como parte de esas manifestaciones, en Paquistán, por ejemplo, se reclamó que el caricaturista y el editor fueran ahorcados y se exigió un boicot a los productos europeos. En Dinamarca, entre tanto, jóvenes inmigrantes protagonizaron una serie de disturbios en diversas ciudades, que incluyeron la quema de automóviles y basura. Sin embargo, en este caso, las protestas combinaban la ira por las caricaturas y la reacción a la deportación sin juicio de inmigrantes musulmanes ilegales.

Las controversias despertadas por las caricaturas del profeta islámico, tanto la de 2005 como ésta, más reciente, recuerdan otros episodios históricos de iconoclasia. Pero también llaman la atención sobre las complejas relaciones entre las costumbres religiosas de las minorías étnicas en Occidente y los derechos humanos fundamentales reconocidos por los sistemas jurídicos de esos Estados.
 

Iconoclasia, del cristianismo al Islam

La iconoclasia es la prohibición de representar en imágenes los referentes culturales o religiosos de una comunidad, en general motivada por motivos políticos o religiosos. En este último caso, no significa rechazar las imágenes como tales, sino fundamentalmente negar que éstas posean un carácter sagrado y la consecuente reverencia de los objetos, conocida como idolatría.

Como tal, el fenómeno de la iconoclasia no es desconocido para la cristiandad, ya que se han producido históricamente diversas expresiones de rechazo cristiano a la adoración de las imágenes. En general, los episodios iconoclastas en el seno de la cristiandad se derivan de una interpretación literal del Segundo Mandamiento, que reza “(...) No te harás imagen ni ninguna semejanza de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni las honrarás (...)”. El papado, en cambio, siempre tendió a defender la presencia de las imágenes en los sitios de culto como una forma de acercamiento de la Escritura Sagrada a quienes no saben leer y escribir. En ese marco, tras un notable crecimiento en la adoración de las imágenes, el emperador bizantino León III, el Isaurio, publicó, en el año 730, un edicto contra el culto de las imágenes, lo que causó una inmediata reacción papal, que llegó a su máxima expresión en el II Concilio de Nicea, donde se anatematizó a los iconoclastas y se reafirmó el culto que se debe tributar a los santos. Sin embargo, el conflicto no concluyó hasta el año 843, cuando la emperatriz Teodora decidió sustituir al patriarca iconoclasta Juan por Metodio y consumar un retorno a la ortodoxia.

La reforma protestante implicó un nuevo estallido iconoclasta. Andreas Karlstadt, Huldrych Zwingli y Calvino favorecieron la remoción de las imágenes religiosas de las iglesias. Como resultado, hubo casos de remoción ordenada de los objetos por las autoridades de las ciudades reformadas, pero también ataques individuales a imágenes y estatuas e, incluso, motines iconoclastas de destrucción de imágenes, entre los que se destacaron los de Zürich (1523), Copenhague (1530), Münster (1534), Ginebra (1535), Escocia (1559), los Países Bajos (1566) e Inglaterra (1643). En estos dos últimos casos, al igual que en los episodios bizantinos, la cuestión no era exclusivamente doctrinal: en los Países Bajos la furia iconoclasta se vinculó velozmente con la revolución de independencia contra España, mientras que en Inglaterra es inseparable de la Guerra Civil contemporánea, que opuso a los partidarios del rey Carlos I y los del Parlamento.

En el caso del Islam, el Corán no prohíbe explícitamente la representación de figuras humanas, pero condena la idolatría. Sin embargo, la prohibición de la representación figurativa aparece en los hadices, que son las tradiciones de la religión islámica que se basan en la biografía y los dichos del profeta Mahoma. A partir de estos registros, desde el siglo IX, algunos exégetas sunitas (sobre todo, los salafitas y wahabitas) proclaman crecientemente una prohibición categórica de la producción y utilización de representaciones de seres vivos. Entre los chiitas, en cambio, el rechazo de las imágenes es menos radical. En general, las sociedades islámicas han evitado las representaciones figurativas de seres vivos en los lugares de culto, pero la prohibición no se ha extendido siempre a la esfera secular, hasta el punto que existe una frondosa tradición de arte islámico figurativo.

Sin embargo, en tiempos recientes, el surgimiento de movimientos islamistas radicales tendió a incrementar los episodios iconoclastas, como la tristemente recordada destrucción de las estatuas monumentales de Buda en Bamiyán por los talibán en 2001.
 

Las caricaturas danesas de Mahoma

El 30 de septiembre de 2005 el periódico danés Jyllands-Posten publicó doce caricaturas del profeta Mahoma, en un autoproclamado intento de contribuir al debate respecto de la crítica del Islam y la autocensura en Occidente. Organizaciones musulmanas danesas objetaron las representaciones, pero la controversia se radicalizó cuando las caricaturas fueron reproducidas por periódicos en más de cincuenta países. Esto llevó a protestas en todo el mundo musulmán, algunas de las cuales fueron notablemente violentas e incluyeron disparos policiales sobre la multitud, con más de cien muertes en total. En el marco de esas protestas, las embajadas danesas en Siria, Líbano e Irán fueron atacadas y banderas de Dinamarca, Noruega y Alemania fueron quemadas en Gaza.

Aunque algunos de los críticos de las imágenes las describieron como islamofóbicas, racistas e incluso blasfemas, portadoras de una intención ofensiva hacia los musulmanes, sus defensores proclaman que las caricaturas ilustran una cuestión importante en una época en la que el islamismo adquirió notable importancia y que constituye un ejercicio legítimo del derecho a la libre expresión de las propias ideas. De hecho, la publicación misma de las representaciones tendía a llamar la atención sobre las restricciones autoimpuestas a expresarse respecto del Islam, cada vez más visibles entre artistas e intelectuales europeos, ya sea por el temor a ser considerados “políticamente incorrectos”, por ser acusados de insensibilidad respecto de los conflictos de Medio Oriente o, incluso, por temor a las posibles reprimendas que los islamitas puedan tomar en su contra.

Todo el episodio, incluyendo el intento de homicidio del caricaturista en febrero último, recuerda también la controversia despertada por Salman Rushdie, el escritor británico que publicó Versos Satánicos en 1988, lo que provocó que el ayatollah iraní Jomeini diera inicio a un movimiento internacional para asesinarlo por el supuesto contenido blasfemo del libro. Recuerdan, también, el brutal asesinato del cineasta Theo Van Gogh, en noviembre de 2004, en Ámsterdam, baleado y degollado por sus opiniones radicalmente críticas de la religión en general y del Islam en particular.
 

Vida en común, costumbres diferentes

Más allá de todo esto, la publicación de las caricaturas de Mahoma y la controversia siguiente exigen una reflexión sobre la convivencia en las sociedades actuales de diversas minorías (étnicas, religiosas, sexuales, políticas, nacionales) en el marco de sociedades cada vez más complejas y multiculturales. En este sentido, el conflicto despertado por las representaciones danesas se vincula con otros que tienen en el eje del debate al Islam, como la polémica por el uso del velo en las aulas de varios países europeos. El conflicto surge por la convivencia en un espacio social común de costumbres y disposiciones mandatorias enormemente diversas. Para países como Francia, el laicismo en el Estado, y particularmente en la escuela, es un rasgo fundamental. Para fieles musulmanes, el uso del velo en las mujeres tiene características semejantes. Igualmente ineludible en Occidente es la libertad de prensa y expresión, aunque para una porción de la comunidad islámica la representación de Mahoma pueda violar sus preceptos religiosos.

Las expresiones moderadas de ambas posiciones pueden convivir. Así, los laicistas occidentales moderados están dispuestos a aceptar que las mujeres musulmanas usen el velo en su vida diaria, como aceptan que los hombres judíos usen la kipá y que los fieles católicos anden por la calle con una cruz en su pecho; sólo reclaman que esos signos no estén presentes en la escuela pública, el lugar por excelencia de la expresión social laica, que pretende trascender esas diferencias. Son muchos los inmigrantes islámicos en Europa dispuestos a aceptar esas condiciones, tal como las mujeres occidentales que visitan países islámicos aceptan cubrirse como señal de respeto a las costumbres locales.
Igualmente, los musulmanes moderados pueden admitir que los periódicos occidentales publiquen lo que deseen, siempre y cuando no alcance el umbral de la ofensa. Los medios occidentales, y los daneses en este caso en particular, no buscan que las embajadas de Dinamarca en el mundo árabe difundan panfletos con imágenes ofensivas para los musulmanes. Simplemente pretenden ejercer su derecho a expresarse libremente respecto del Islam como lo hacen respecto de otras religiones, y llamar la atención sobre la autocensura que se ha desarrollado como consecuencia de la exacerbación del radicalismo religioso y de criterios abusivos de corrección política.

La cuestión tiene que ver con los desafíos que implica la convivencia en el marco de la diferencia, con qué estamos dispuestos a ceder de nuestras creencias y qué estamos dispuestos a aceptar de las de los demás, pero también con cuál es el sistema y cuál el conjunto de normas que permiten que esa convivencia se desarrolle de un modo pacífico y solidario. El asunto, sin embargo, no termina allí. Tanto en Dinamarca como en Francia, donde se han producido en los últimos años manifestaciones violentas de jóvenes de barrios pobres de inmigrantes, en París, no son las diferencias culturales las únicas causas de la violencia. Muchas veces, cuestiones como el velo o las caricaturas de Mahoma no son más que la chispa que enciende el combustible de un sector de la población que no sólo tiene una identidad distinta, sino que además sufre, cotidianamente y desde hace años, las marcas de la desigualdad social y económica. Los inmigrantes de origen musulmán, ya sean de primera o de segunda generación, se encuentran frecuentemente entre los sectores pobres y marginados de las capitales europeas. No debería olvidarse que sus reacciones ante cualquier fenómeno cultural están, también, condicionadas por la realidad cotidiana de la desigualdad y la marginación.

Libertad de prensa y religión: acerca de la controversia generada por las caricaturas de Mahoma

El 12 de febrero de 2008, la policía danesa arrestó a tres hombres como sospechosos de haber planeado el asesinato de Kurt Westergaard, el autor de una de las caricaturas del profeta Mahoma que fueron publicadas en septiembre de 2005 por el diario danés Jyllands-Posten, y que desde entonces han causado una gran controversia. Al día siguiente, varios periódicos daneses reprodujeron la caricatura de Westergaard, solidarizándose con la amenaza a la libertad de prensa que implicaba el intento contra la vida del artista.

La reedición de las caricaturas causó una nueva oleada de protestas en países musulmanes, algo que ya había ocurrido en 2005. Como parte de esas manifestaciones, en Paquistán, por ejemplo, se reclamó que el caricaturista y el editor fueran ahorcados y se exigió un boicot a los productos europeos. En Dinamarca, entre tanto, jóvenes inmigrantes protagonizaron una serie de disturbios en diversas ciudades, que incluyeron la quema de automóviles y basura. Sin embargo, en este caso, las protestas combinaban la ira por las caricaturas y la reacción a la deportación sin juicio de inmigrantes musulmanes ilegales.

Las controversias despertadas por las caricaturas del profeta islámico, tanto la de 2005 como ésta, más reciente, recuerdan otros episodios históricos de iconoclasia. Pero también llaman la atención sobre las complejas relaciones entre las costumbres religiosas de las minorías étnicas en Occidente y los derechos humanos fundamentales reconocidos por los sistemas jurídicos de esos Estados.
 

Iconoclasia, del cristianismo al Islam

La iconoclasia es la prohibición de representar en imágenes los referentes culturales o religiosos de una comunidad, en general motivada por motivos políticos o religiosos. En este último caso, no significa rechazar las imágenes como tales, sino fundamentalmente negar que éstas posean un carácter sagrado y la consecuente reverencia de los objetos, conocida como idolatría.

Como tal, el fenómeno de la iconoclasia no es desconocido para la cristiandad, ya que se han producido históricamente diversas expresiones de rechazo cristiano a la adoración de las imágenes. En general, los episodios iconoclastas en el seno de la cristiandad se derivan de una interpretación literal del Segundo Mandamiento, que reza “(...) No te harás imagen ni ninguna semejanza de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni las honrarás (...)”. El papado, en cambio, siempre tendió a defender la presencia de las imágenes en los sitios de culto como una forma de acercamiento de la Escritura Sagrada a quienes no saben leer y escribir. En ese marco, tras un notable crecimiento en la adoración de las imágenes, el emperador bizantino León III, el Isaurio, publicó, en el año 730, un edicto contra el culto de las imágenes, lo que causó una inmediata reacción papal, que llegó a su máxima expresión en el II Concilio de Nicea, donde se anatematizó a los iconoclastas y se reafirmó el culto que se debe tributar a los santos. Sin embargo, el conflicto no concluyó hasta el año 843, cuando la emperatriz Teodora decidió sustituir al patriarca iconoclasta Juan por Metodio y consumar un retorno a la ortodoxia.

La reforma protestante implicó un nuevo estallido iconoclasta. Andreas Karlstadt, Huldrych Zwingli y Calvino favorecieron la remoción de las imágenes religiosas de las iglesias. Como resultado, hubo casos de remoción ordenada de los objetos por las autoridades de las ciudades reformadas, pero también ataques individuales a imágenes y estatuas e, incluso, motines iconoclastas de destrucción de imágenes, entre los que se destacaron los de Zürich (1523), Copenhague (1530), Münster (1534), Ginebra (1535), Escocia (1559), los Países Bajos (1566) e Inglaterra (1643). En estos dos últimos casos, al igual que en los episodios bizantinos, la cuestión no era exclusivamente doctrinal: en los Países Bajos la furia iconoclasta se vinculó velozmente con la revolución de independencia contra España, mientras que en Inglaterra es inseparable de la Guerra Civil contemporánea, que opuso a los partidarios del rey Carlos I y los del Parlamento.

En el caso del Islam, el Corán no prohíbe explícitamente la representación de figuras humanas, pero condena la idolatría. Sin embargo, la prohibición de la representación figurativa aparece en los hadices, que son las tradiciones de la religión islámica que se basan en la biografía y los dichos del profeta Mahoma. A partir de estos registros, desde el siglo IX, algunos exégetas sunitas (sobre todo, los salafitas y wahabitas) proclaman crecientemente una prohibición categórica de la producción y utilización de representaciones de seres vivos. Entre los chiitas, en cambio, el rechazo de las imágenes es menos radical. En general, las sociedades islámicas han evitado las representaciones figurativas de seres vivos en los lugares de culto, pero la prohibición no se ha extendido siempre a la esfera secular, hasta el punto que existe una frondosa tradición de arte islámico figurativo.

Sin embargo, en tiempos recientes, el surgimiento de movimientos islamistas radicales tendió a incrementar los episodios iconoclastas, como la tristemente recordada destrucción de las estatuas monumentales de Buda en Bamiyán por los talibán en 2001.
 

Las caricaturas danesas de Mahoma

El 30 de septiembre de 2005 el periódico danés Jyllands-Posten publicó doce caricaturas del profeta Mahoma, en un autoproclamado intento de contribuir al debate respecto de la crítica del Islam y la autocensura en Occidente. Organizaciones musulmanas danesas objetaron las representaciones, pero la controversia se radicalizó cuando las caricaturas fueron reproducidas por periódicos en más de cincuenta países. Esto llevó a protestas en todo el mundo musulmán, algunas de las cuales fueron notablemente violentas e incluyeron disparos policiales sobre la multitud, con más de cien muertes en total. En el marco de esas protestas, las embajadas danesas en Siria, Líbano e Irán fueron atacadas y banderas de Dinamarca, Noruega y Alemania fueron quemadas en Gaza.

Aunque algunos de los críticos de las imágenes las describieron como islamofóbicas, racistas e incluso blasfemas, portadoras de una intención ofensiva hacia los musulmanes, sus defensores proclaman que las caricaturas ilustran una cuestión importante en una época en la que el islamismo adquirió notable importancia y que constituye un ejercicio legítimo del derecho a la libre expresión de las propias ideas. De hecho, la publicación misma de las representaciones tendía a llamar la atención sobre las restricciones autoimpuestas a expresarse respecto del Islam, cada vez más visibles entre artistas e intelectuales europeos, ya sea por el temor a ser considerados “políticamente incorrectos”, por ser acusados de insensibilidad respecto de los conflictos de Medio Oriente o, incluso, por temor a las posibles reprimendas que los islamitas puedan tomar en su contra.

Todo el episodio, incluyendo el intento de homicidio del caricaturista en febrero último, recuerda también la controversia despertada por Salman Rushdie, el escritor británico que publicó Versos Satánicos en 1988, lo que provocó que el ayatollah iraní Jomeini diera inicio a un movimiento internacional para asesinarlo por el supuesto contenido blasfemo del libro. Recuerdan, también, el brutal asesinato del cineasta Theo Van Gogh, en noviembre de 2004, en Ámsterdam, baleado y degollado por sus opiniones radicalmente críticas de la religión en general y del Islam en particular.
 

Vida en común, costumbres diferentes

Más allá de todo esto, la publicación de las caricaturas de Mahoma y la controversia siguiente exigen una reflexión sobre la convivencia en las sociedades actuales de diversas minorías (étnicas, religiosas, sexuales, políticas, nacionales) en el marco de sociedades cada vez más complejas y multiculturales. En este sentido, el conflicto despertado por las representaciones danesas se vincula con otros que tienen en el eje del debate al Islam, como la polémica por el uso del velo en las aulas de varios países europeos. El conflicto surge por la convivencia en un espacio social común de costumbres y disposiciones mandatorias enormemente diversas. Para países como Francia, el laicismo en el Estado, y particularmente en la escuela, es un rasgo fundamental. Para fieles musulmanes, el uso del velo en las mujeres tiene características semejantes. Igualmente ineludible en Occidente es la libertad de prensa y expresión, aunque para una porción de la comunidad islámica la representación de Mahoma pueda violar sus preceptos religiosos.

Las expresiones moderadas de ambas posiciones pueden convivir. Así, los laicistas occidentales moderados están dispuestos a aceptar que las mujeres musulmanas usen el velo en su vida diaria, como aceptan que los hombres judíos usen la kipá y que los fieles católicos anden por la calle con una cruz en su pecho; sólo reclaman que esos signos no estén presentes en la escuela pública, el lugar por excelencia de la expresión social laica, que pretende trascender esas diferencias. Son muchos los inmigrantes islámicos en Europa dispuestos a aceptar esas condiciones, tal como las mujeres occidentales que visitan países islámicos aceptan cubrirse como señal de respeto a las costumbres locales.
Igualmente, los musulmanes moderados pueden admitir que los periódicos occidentales publiquen lo que deseen, siempre y cuando no alcance el umbral de la ofensa. Los medios occidentales, y los daneses en este caso en particular, no buscan que las embajadas de Dinamarca en el mundo árabe difundan panfletos con imágenes ofensivas para los musulmanes. Simplemente pretenden ejercer su derecho a expresarse libremente respecto del Islam como lo hacen respecto de otras religiones, y llamar la atención sobre la autocensura que se ha desarrollado como consecuencia de la exacerbación del radicalismo religioso y de criterios abusivos de corrección política.

La cuestión tiene que ver con los desafíos que implica la convivencia en el marco de la diferencia, con qué estamos dispuestos a ceder de nuestras creencias y qué estamos dispuestos a aceptar de las de los demás, pero también con cuál es el sistema y cuál el conjunto de normas que permiten que esa convivencia se desarrolle de un modo pacífico y solidario. El asunto, sin embargo, no termina allí. Tanto en Dinamarca como en Francia, donde se han producido en los últimos años manifestaciones violentas de jóvenes de barrios pobres de inmigrantes, en París, no son las diferencias culturales las únicas causas de la violencia. Muchas veces, cuestiones como el velo o las caricaturas de Mahoma no son más que la chispa que enciende el combustible de un sector de la población que no sólo tiene una identidad distinta, sino que además sufre, cotidianamente y desde hace años, las marcas de la desigualdad social y económica. Los inmigrantes de origen musulmán, ya sean de primera o de segunda generación, se encuentran frecuentemente entre los sectores pobres y marginados de las capitales europeas. No debería olvidarse que sus reacciones ante cualquier fenómeno cultural están, también, condicionadas por la realidad cotidiana de la desigualdad y la marginación.

LA MIRADA DE LOS MEDIOS

Diario Clarín (Buenos Aires)


Diario La Nación (Buenos Aires)


Diario El País(Madrid)

PREGUNTAS POLÉMICAS

Polemizar implica contraponer puntos de vista y sostener un análisis que contemple la divergencia de opiniones y la pluralidad de perspectivas en la comprensión de un tema o problema relevante. Las preguntas que introducimos a continuación plantean problemas centrales que atraviesan el tema presentado en Caleidoscopio. En el análisis de estos temas nos enfrentamos a problemas sociales, políticos, económicos y filosóficos complejos, de difícil resolución y que no sólo pueden ser abordados desde diversas perspectivas, sino que se enriquecen al contemplarlos desde la contraposición de opiniones y puntos de vista. Les proponemos volver a leer la nota de Caleidoscopio desde alguno de estos temas y preguntas. En esta relectura resulta importante explicitar las diversas perspectivas y opiniones que cada tema provoca, así como de los argumentos sobre los que cada postura se sustenta.

  • ¿Estamos dispuestos a aceptar que alguien ejerza su libertad de expresión haciendo referencia a alguna de nuestras creencias fundamentales? ¿Podemos tolerar que exprese lo que le parezca aunque estemos profundamente en desacuerdo?
  • ¿Y cuando nos toca expresarnos a nosotros? ¿Queremos que se nos permita decir cualquier cosa acerca de cualquier tema? ¿Estamos dispuestos a moderar lo que decimos porque puede molestarle a otro? ¿Debemos o no hacerlo?
PARA PROFUNDIZAR
  • Erhard Denninger-Dieter Grimm, Derecho constitucional para la sociedad multicultural, Trotta, Buenos Aires, 2008.
  • Chalmers F. Graeme, Arte, educación y diversidad cultural, Paidos, Buenos Aires, 2003.
  • Gerd Baumann, El enigma multicultural, Paidós, Buenos Aires, 2001.
ENLACES RELEVANTES

A continuación les sugerimos una serie de sitios Web que pueden consultarse con el objetivo de ampliar el tema sobre el que trata el artículo de esta semana de Caleidoscopio. Cada uno de estos sitios ofrece una ventana a diversas fuentes de información. Si les interesa realizar sus propias búsquedas de información en la Web les sugerimos consulten las orientaciones ofrecidas en el proyecto Aulas Interactivas de EducaRed.

Debatir en el aula: ideas y recursos

 

Contenidos similares